Decidir sobre personas

Ninguna decisión correcta desde el rol es neutra desde el lugar del otro.

Liderazgo · Decisión · Criterio directivo · 7 min de lectura

Los ojos de alguien que no lo esperaba

Hay una imagen que no se olvida.

Era un integrante de mi equipo. Llevaba tiempo con resultados muy por debajo de lo esperado — lo sabía él, lo sabía yo, lo sabíamos todos. Era, aun así, una persona querida: buen ánimo, buena energía, relación sólida con los clientes y con sus compañeros. Ese conjunto de cosas lo había sostenido más tiempo del que los números justificaban. Y yo lo había dejado sostenerse, esperando que algo cambiara, buscando la señal que me permitiera seguir postergando lo inevitable.

Cuando la estructura del banco exigió mayor eficiencia, ya no había margen. Llegó el momento de comunicar la decisión.

Recuerdo su mirada cuando le comuniqué la decisión. Los ojos cristalizados. La cabeza que bajó despacio. Un asentimiento apenas visible. Casi no habló.

Esa imagen me quedó. No por lo que significó para él en ese momento — que fue mucho — sino por lo que me enseñó sobre lo que implica decidir cuando del otro lado hay una persona. No un número, no un indicador, no un puesto en un organigrama. Una persona con familia, con hijos, con una red de relaciones construida durante años, con una forma de entender su propio lugar en el mundo que esa tarde quedó interrumpida.

El peso que no figura en ningún análisis

Antes de esa conversación, mientras me preparaba para tenerla, yo no estaba analizando solo el desempeño de ese integrante. Estaba pensando en sus hijos. En lo que haría después. En cómo lo recibirían en casa esa noche. En sus compañeros, que lo querían y no iban a entender del todo por qué.

Nada de eso figura en ningún análisis de performance. Ninguna hoja de cálculo lo contempla. Ningún procedimiento de recursos humanos lo menciona. Y sin embargo estaba ahí, presente e insistente, en el momento en que la decisión ya estaba tomada y solo quedaba sostenerla.

Decidir sobre procesos, números o estructuras tiene consecuencias abstractas: un resultado, un indicador, un ajuste. Decidir sobre personas tiene consecuencias con nombre, con historia, con una vida entera que va a reorganizarse a partir de lo que uno acaba de decir.

Algo que no puede ignorarse, aunque tampoco puede paralizar.

El problema aparece cuando ese peso — que es legítimo, que habla de algo bueno en quien decide — se convierte en una razón para no decidir. Cuando la consideración por el otro se transforma en postergación indefinida que, en la mayoría de los casos, termina siendo peor para todos: para quien debería haber recibido una respuesta clara antes, y para el resto del equipo que lleva tiempo viendo lo que nadie nombra.

Ninguna decisión correcta desde el rol es neutra desde el lugar del otro.

— Fernando Gentile

La realidad del otro no se parece a la tuya

Lo aprendí despacio, a través de muchas decisiones que involucraron personas: la realidad del otro no se parece a la tuya. Y no porque uno de los dos esté equivocado.

Cuando comunicás una decisión que afecta profundamente a alguien, esa persona la recibe desde su historia, desde sus miedos, desde lo que ese trabajo significaba para ella más allá del sueldo. No la recibe desde tu análisis ni desde los meses de proceso que la precedieron. La recibe desde un instante que para ella lo cambia todo.

No es un problema de comunicación que se resuelve con más explicación: es una condición humana. Dos personas pueden estar en la misma conversación y vivir experiencias completamente distintas. Vos estás del lado de quien tuvo tiempo de procesar, de quien llegó preparado, de quien entiende el contexto completo. El otro está del lado de quien recibe algo que transforma su realidad de un momento a otro.

Saberlo no modifica la decisión. Cambia la disposición con la que uno llega a esa conversación: comunicar con presencia, no con frialdad. Reconocer que lo que para uno es una decisión de gestión, para el otro es un punto de quiebre en su vida.

El líder también carga

Esa tarde, cuando aquel integrante bajó la cabeza y asintió en silencio, yo no salí de esa conversación intacto. La corrección de una decisión no la aliviana. El proceso previo, los meses de seguimiento, el respaldo — nada de eso lo disuelve. Quedó igual: en la imagen de esa cabeza que bajó, y en un malestar que llevó tiempo aceptar.

Cargar con eso también es parte del rol. En los discursos sobre liderazgo se exalta la determinación y se omite el costo interno de sostener decisiones difíciles sobre personas reales. Como si la firmeza excluyera la afectación, o como si sentirse afectado fuera una señal de debilidad en lugar de lo que realmente es: una señal de que entendés lo que está en juego.

Lo había vivido también desde el otro lado, antes de llegar a ese lugar. En una de mis primeras oportunidades como gerente, alguien tomó una decisión sobre mí — una oferta que cambió mi vida y la de mi familia de maneras que no anticipé del todo cuando dije que sí. Entendí entonces, desde adentro, lo que significa recibir una decisión ajena que reorganiza todo. Esa comprensión no la olvidé. Quien sabe lo que significa recibir una decisión que lo reorganiza todo carga con eso cuando le toca estar del otro lado. No como culpa — como registro de lo que está en juego.

Fernando Gentile

Fernando Gentile

Lo que para uno es una decisión de gestión, para el otro es un punto de quiebre en su vida.

Decidir sabiendo lo que cuesta

Las decisiones sobre personas no se vuelven más fáciles con la experiencia. Se vuelven más conscientes.

Quien lleva tiempo tomando este tipo de decisiones aprende a no buscar comodidad donde no la hay. Aprende que el peso es parte del proceso, no un obstáculo a superar antes de poder actuar. Y aprende que la consideración genuina por el otro — la que hace que te quedes pensando en sus hijos, en su mirada, en lo que viene para él — no es debilidad. Es la forma en que el liderazgo se mantiene humano en los momentos más difíciles.

Lo que no puede hacerse es usar esa consideración como excusa para no decidir. Postergar una decisión que ya es inevitable no protege a nadie: acumula el costo y lo distribuye hacia quienes menos lo merecen.

Decidir sobre personas exige las dos cosas al mismo tiempo: la firmeza de quien sabe que la responsabilidad no puede delegarse, y la presencia de quien reconoce que del otro lado hay una vida que no ve lo mismo que la tuya.

La firmeza y la presencia no se resuelven con un método. Se sostienen con criterio, y con la disposición de cargarlas cada vez que sea necesario.

Fernando Gentile es autor, referente en criterio directivo y liderazgo estratégico. Con más de veinticinco años de trayectoria en banca internacional, acompaña a líderes, ejecutivos e inversores en decisiones que no tienen manual. Es fundador de FG & Co y Elitaire Real Estate, y autor de Nadie ve lo mismo (2026).

NEWSLETTER

Pensamiento directo

Ensayos, marcos conceptuales y reflexiones sobre liderazgo, criterio y toma de decisiones. Para quienes valoran profundidad sobre inmediatez.

La suscripción es gratuita. Tu email no se comparte.

Decidir en soledad: ética y responsabilidad cuando no hay respuestas correctas ni consenso posible

¿Necesitas asesoramiento?​

Si tu situación exige criterio antes que velocidad, este espacio queda abierto para continuar el diálogo.